viernes, 17 de mayo de 2024

El hueheu



-Deben encontrarlos.- Dijo el anciano, mientras miraba su mano llena de anillos de colores apagados. Miro al grupo de personas, y presiono con la mirada de asco que solía hacer hacia los mas jovenes, e indico que se largaran con un gesto de su mano.

-Esto es estúpido, increíble y totalmente planificado- se dijo a si mismo.
-¿Que mas? Siempre hay algo mas.
    Esto dejo dubitativo, al anciano, siempre creía tener la razón con su primera intuición, últimamente le hacia caso a su consejero personal, cada vez estaba mas seguro con su consejo que con su intuición.
-Claro, ¿Cómo no lo vi? Esta tratando de derrocarme, tal vez, ¿no? 
    Dudaba el anciano, ya no era la figura imponente, ya no era la mente brillante de antaño, se consideraba así mismo una legenda viviente, pues entre los humanos no había tal obra semejante a la suya.
-Claro que si, siempre es así, jovenes dispuestos a ensuciarse las manos por gloria arrebatada de las manos de viejos, viejos pero no indefensos, como si valiera su arrogancia la mitad de la mugre que hay debajo de tus uñas.
    Su compañero era bueno después de tantos años aprendió a valorarlo, siempre lo aconsejaba, antes solía considerarlo demasiado impetuoso, lleno de una ambición camuflada, pero ahora era distinto como un perro disfrazado de oveja que se prepara para atacar al lobo, aunque a veces no existía tal lobo, últimamente tenia planes para todo. "Contingencia, siempre contingencia" 
    El viejo suspiro mirando a su compañero encauchado, suspiro y le dijo:
-¿Algún día podre verte la cara? digo, la verdadera.
-Sabes que no tengo ninguna, aunque quieres negarte a eso.