-Por la orden sagrada, promulgo este enunciado que se me ha conferido, todo aquel que sea atrapado practicando magia, sera considerado un traidor para el reino y sera ejecutado inmediatamente.
-Debe ser un chiste, escucheme joven...- Kilmosef se acerco al caballero tratando de tranquilizarlo, y mostrarle que no era una amenaza, el estaba totalmente confundido, no sabia que habia pasado, porque el reino habia mostrado esta hostilidad contra los practicantes de la magia-Tranquilo, solamente estamos practicando no vamos a usar esto en contra de nadie...-y este tiro el edicto, y se apresuro a sacar su espada.
El caballero se apresuro a atrevesar a Kilmosef con su espada, y lo encontro de lleno.
Miles de pensamientos pasaron por Kilmosef, iba a morir, en cierta forma no sabia que estaba sucediendo, pero luego un momento de lucidez llego a el entre sus millares de pensamientos que se unieron en un grito, su ultimo grito.
-¡Corre, salvate niño bobo!- debia darle tiempo, pero el soldado empezo a girar la espada, oleadas de dolor le nublaron el pensamiento, chorros de sangre hicieron un charco en el suelo de la cueva "solo un hechizo que le de tiempo, solo eso..." penso, entonces su cuerpo empezo a relajarse y supo que su momento de morir llegaba,,,
-Muere maldito traidor... y uds maten al otro...- grito dando ordenes.
Cuando se acercaron lo suficiente, Kilmosef se levanto de una forma sobrenatural, tomo la espada la cual seguia atravesandolo, y lo ultimo que vio el soldado fueron los ojos blancos desorbitados y un estallido se produjo, y lo unico que quedo fue la mano cercenada de Kilmosef y la espada del soldado intacta.
Ejj'am vio como todo fue tan rapido y no tuvo sentido, fue como una de aquellas ilusiones que solia darle sus compañeros en los primeros años, pero esto era real, sentia el frio del estallido necromantico, sabia que Kilmosef se habia ido para siempre de este plano, cuando reacciono fue demasiado tarde, cuando reacciono todo ya habia pasado... se acerco a los restos de su maestro y no encontro nada mas que la mano cercenada agarrada al filo de la espada y la espada misma que refulgia con un extraño brillo, el sintio como si la espada estuviera burlandose de el, como si refulgiera por haber matado a su maestro. Tomo la mano de su maestro, que fuertemente estaba agarrada, sabia que se habia usado como componente y catalizador, al tomar la mano entre sus manos como si un empujon lo devolviera a la realidad. La entrada de la cueva estaba envuelta en una neblina y rocas desprendidas, pero mas que eso habian voces temerosas que discutian si entrar o no, supo que debia escapar rapido con solo lo que tenia puesto.
Paso varias horas adentrándose mas y mas en la cueva, algunos de ellos hablaron entre si de acampar y recolectar todo, un joven que parecía el ser el líder momentáneamente de ellos, dijo que no hacia falta, que solo había que recolectar toda la evidencia de brujos, y sus rituales, que parecía haber dos recalcó, pero al igual que sus compañeros que no quedo casi nada de rastro de ellos, supuso que también había sido afectado por esa explosión, sin embargo no hacia falta que acamparan acá, otro de ellos dijo:
-La verdad que este lugar profanaría mi espíritu si me quedo mas tiempo.- los demás asintieron menos el líder.
Ejj'am paso dos días en una caverna que se conectaba con la cueva inicial, pese al no ver en la oscuridad se desoriento pero no le dio importancia. Al primer dia siguio avanzando recordando las ultimas palabras y memorias de su maestro, mientras apretaba la mano con rabia y dolor, cada tanto caía rendido y lloraba, pero la sensacion de que algo lo observaba detras de alguna estalactita alguna criatura que de treparaba en ellas, mientras se tropezaba con una estalagmita que aparecia de la nada, tal su imaginacion lo traicionaba, o tal vez perdia la cordura, era algo que el no podia responderse, debia seguir avanzando, debia salvarse. Al segundo dia, supuso que era de dia porque algunos murcielagos se oian en aumento, como si entrasen como si la noche estuviera por acabarse, entonces se oriento, pero oirlos, pero se dio cuenta que no era el lugar donde habian estado, estaba en otra entrada, tuvo que pasar con un piso lleno de guano de murcielago que le llegaba hasta las rodillas, seguir debia, estaba cerca de entrada pero unos largos metros de este mar de mierda lo desmoralizaba, luego recordaba a Kilmosef y la rabia lo invadia, de pronto escucho un chillido de algo que no era un murcielago, era largo y se acercaba a la orilla, no supo que era hasta que lo vio.
Dos personas, empujaba una especia de carro, mientras otro llevaba unas palas, y era divisables por la luz de sus mismas antorchas, cuando de pronto uno hizo un movimiento brusco y se acerco al otro, se quedaron callados un momento, y uno se fue corriendo, mientras el otro tenia la antorcha en alto y moviendola por encima de su cabeza como señalando, para que Ejj'am se acercara, este avanzo igualmente al momento que los vio supuso que si interferian no iba a ser un problema eliminarlos, su estado mental estaba demasiado evocado a Kilmosef y sus palabras, a sus enseñanzas, igualmente se sentia demasiado cansado, ya no podia ignorar mas su agotamiento de haber estado caminando por dos dias por el dificultoso camino de una caverna que no conocia y que no veia practicamente nada, solo le faltaba un poco mas
La persona que le estaba haciendo señas con la antorcha, empezo a hacer ruidos, que Ejj'am no entendia, los musculos le quemaban, de pronto se acordo de la mano que llevaba entre sus manos, y decidio ocultarla en uno de sus bolsos, luego recordo que no los llevaba consigo, y no tenia lugar donde guardarla, el estaba en una encrucijada, acercarse a ellos y deshacerse de lo ultimo Kilmoself, o aferrarse a los restos de su maestro y ser rescatado por estas personas, se detuvo a pensar, se absorto y luego empezo a ver todo oscuro, le parecia demasiado cruel deshacerse de Kilmoself, pero tambien recordaba las ultimas palabras de su maestro "corre, salvate niño bobo", mientras todo se ponia oscuro, cuando se dio cuenta sus piernas empezaron a desaparecer en el guano, entonces supo que estaba desfalleciendo y solo atento a apretar la mano de su maestro contra su pecho. Se desmayo a unos treinta metros de ser rescatado.